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Propuesta pedagógica

Una pedagogía centrada en la experiencia y el sentido

El aprendizaje se comprende como un proceso intencional y consciente que integra la experiencia, la reflexión y el sentido. Estas son las claves que orientan nuestra práctica pedagógica.

Actividad de aprendizaje experiencial de la propuesta pedagógica de COPEHU
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Conciencia activa

El aprendizaje se comprende como un proceso intencional y consciente en el que la conciencia no es pasiva, sino acto que se dirige hacia el mundo. En esta perspectiva, la persona puede reconocer y orientar la dirección de su conciencia dando unidad a su experiencia y abriendo posibilidades de transformación en relación con la realidad que se desea construir.

A este proceso lo denominamos aprendizaje intencional: una forma de aprender en la que el sujeto no recibe pasivamente los contenidos, sino que orienta activamente su conciencia hacia la construcción del sentido.

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Metodología experiencial

El aprendizaje se produce a través de la experiencia integral y la reflexión de esta, atendiendo las dimensiones vegetativa, motriz, emotiva, intelectual y la experiencia interna.

Se trabaja con todos los sentidos externos e internos (kinestesia y cenestesia), integrando acción y reflexión como partes de un mismo proceso.

El ludismo, los lenguajes artísticos, los materiales concretos, las tecnologías, los soportes audiovisuales, las meditaciones guiadas —entre otros— son los principales recursos y soportes que se emplean en nuestra metodología.

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Cuidado del ámbito y las condiciones

Desde el aspecto del ámbito trabajamos idealmente en espacios amplios y luminosos, con los elementos de trabajo necesarios, evitando o reduciendo elementos que sean distractores.

Las condiciones que atender van desde la preparación de la/el educadora/or que coordina la experiencia de aprendizaje, donde el adulto se dispone internamente para habilitar desde las mejores condiciones físicas, emotivas, relacionales y mentales la experiencia.

Esto se puede traducir en el ejercicio de las 5 llaves del aprendizaje propuestas por Aguilar y Bize (2011). La/el educadora/or busca producir la atención distendida, un buen ambiente con buen humor, habilitar la afectividad y el diálogo generacional para que lo nuevo ocupe su espacio en la persona y se constituya en el ser.

Asimismo, desde COPEHU incorporamos la 6ta llave, Aprendizaje y espiritualidad, que habilita canales sensoperceptivos, ya que se trabaja con la cenestesia en la interioridad del espacio de representación, llevando la energía psicofísica a otros niveles de conciencia, posibilitando la conexión con estados elevados e inspirados, capaces de producir aprendizajes significativos, profundos y trascendentales.

Vela encendida en un espacio de recogimiento y reflexión
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Rol de las educadoras y los educadores

Nuestra concepción de la/el educadora/or abarca a toda persona adulta, pues estamos en contacto con las nuevas generaciones, y aun sin considerarlo, nos convertimos en sus referentes al ser un modelo de conducta en los diversos contextos en los que nos desenvolvemos, es decir estamos construyendo un paisaje de formación.

Desde esta comprensión, se vuelve insoslayable trabajar en el propio proceso de humanización, procurando coherencia entre lo que pensamos, sentimos y hacemos, de manera que nuestra presencia y nuestras acciones puedan ofrecer las mejores condiciones para acompañar a las nuevas generaciones en una dirección humanizadora y noviolenta.

Por otra parte, desde el sentido relacional, la persona adulta-educadora cumple la función de facilitadora, acompañante y guía, otorgando el rol protagónico a las niñas, niños y jóvenes en sus aprendizajes. Se busca así comprender y respetar la etapa vital, practicando y favoreciendo un tono y clima positivo, modos de comunicación noviolento y reconociendo la intencionalidad propia de ese ser humano que se está constituyendo en el mundo.

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Dimensión interna y sentido

La educación humanizadora implica también el contacto con la propia interioridad, la búsqueda de sentido y el desarrollo de la conciencia.

Nuestro enfoque integra la dimensión espiritual como un aspecto constitutivo y profundo del ser humano, entendiéndola como una experiencia interior que trasciende cualquier marco de creencias o no creencias religiosas.

Desde el punto de vista del aprendizaje, la espiritualidad nos abre un mundo de experiencias que van más allá de lo cotidiano, llevándonos a tener registros elevados como, por ejemplo: de suave alegría, de paz, de compasión, de mayor atención y conciencia de sí, de sentido trascendente y profundo de la vida, entre otros. Estos registros se van grabando en el intracuerpo o cenestesia, instalando un nuevo modo de ser, de relacionarnos con las otras personas y de interpretar el mundo.

Para el desarrollo de esta dimensión nos apoyamos en las herramientas de El Mensaje de Silo, que brindan una mirada universalista, esencial y evolutiva.

En este marco, la espiritualidad aporta una profundidad al proceso educativo que amplía las posibilidades de comprensión, sensibilidad y desarrollo del ser humano.

Persona en un momento de meditación y contacto con la interioridad

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